- El gran Gatsby (1925).
- A este lado del paraíso (1920).
- Suave es la noche (1934).
- Hermosos y malditos (1922).
- Cuentos de la Era del Jazz (1922).
- El amor del último magnate (1941).
- Flappers y filósofos (1920).
- El curioso caso de Benjamin Button (1922).
- El Crack-Up (1936).
- Primera sangre (1930).
- El diamante tan grande como el Ritz (1922).
- Todos los jóvenes tristes (1926).
- Sueños de invierno (1922).
- Bernice se menea el pelo (1920).
- El palacio de hielo (1920).
- Grifos al toque de Diana (1935).
- Las historias de Pat Hobby (1962).
- Babilonia revisited (1931).
- El pirata marino (1920).
- El niño rico (1926).
- La albahaca y las historias de Josephine (1928).
- El vegetal (1923).
- El tazón de vidrio cortado (1920).
- Loco domingo (1932).
- Absolución (1926).
- Lo más sensato (1924).
- En alcohol (1930).
- La década perdida (1939).
- La fiesta nupcial (1930).
- La fiesta del bebe (1925).
- Porcelana y rosa (1922).
- Las lías de la felicidad (1920).
- Mr. Icky (1922).
- Mi ciudad perdida (1934 y 1936).
- Un caso alcohólico (1937).
- Amor en la noche (1925).
- Un viaje al extranjero (1930).
Este blog se creo con el fin de fomentar el interés por la literatura, en específico del cuento llamado El Curioso Caso de Benjamin Button, que está inspirado en una historia de la vida real. Además es un proyecto que los estudiantes del L. B. "Narciso Gonell" hacemos gracias a nuestra profesora de castellano Esther Blanco.
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domingo, 5 de marzo de 2017
Otras obras
Obra de Fitzgerald
Primeras
entregas narrativas
La producción literaria de Francis
Scott Fitzgerald se inició, a comienzos de los años veinte, con la publicación
de su novela titulada This side of paradise (A este lado
del paraíso, 1920), una opera prima en la que el joven
narrador de Minnesota cifraba, en la reconstrucción de varios episodios
autobiográficos, la desilusión de toda una generación de norteamericanos que,
desolados por la guerra mundial y la posguerra, se habían hallado de pronto con
todos sus sueños rotos y sus vidas vacías, por lo que afrontaban el paso a la
madurez con "todos los dioses muertos, las guerras combatidas [y] la
fe en el hombre destruida". El eco que halló esta narración entre los
miles de estadounidenses que se vieron perfectamente reflejados en sus páginas
convirtió a su autor en un hombre rico y famoso, quien enseguida se aprestó a
renovar el éxito de su opera prima con una segunda entrega
novelesca en la que pretendía seguir explotando el filón costumbrista de las
vivencias de la juventud norteamericana contemporánea.
Llegó, así, a los escaparates de las
librerías la segunda novela de Fitzgerald, titulada The beautiful and
damned (Hermosos y malditos, 1922) y publicada el mismo año en
que vio la luz también su segunda recopilación de narraciones breves, recogidas
en el volumen Tales of the jazz age (Historias de la edad
del jazz, 1922). Hermosos y malditos -que no alcanzó la
misma difusión que la primera entrega novelesca de Fitzgerald-, es un brillante
estudio sobre los sueños y el desencanto de la juventud americana de la época,
reflejados en las ansiedades y disipaciones de una pareja de jóvenes adinerados
(y, en consecuencia, muy relacionados también con la propia peripecia vital del
autor y de su esposa Zelda). El relativo fracaso de ventas de esta novela se
vio compensado por el apabullante éxito cosechado por los cuentos de
Fitzgerald, que, además de permitirle seguir manteniendo el vertiginoso ritmo
de vida que llevaba, le convirtieron en el máximo exponente de la literatura
generada por esa "edad del jazz" a la que el propio escritor de Saint
Paul había dado nombre desde el título de su colección de relatos. Un año antes
de que vieran la luz estas publicaciones, Francis Scott Fitzgerald había dado a
la imprenta su primera colección de narraciones breves, presentadas bajo el
título de Flappers and Philosophers (Chicas y filósofos,
1921). Su acreditada maestría en el difícil género del cuento le permitió
escribir, a lo largo de su relativamente corta trayectoria literaria, más de
ciento cincuenta relatos que, por el éxito logrado entre críticos y lectores,
le convirtieron en uno de los mejores exponentes de la narrativa breve escrita
en lengua inglesa durante la primera mitad del siglo XX. De entre todos estos
cuentos -muchos de ellos publicados en periódicos y revistas-, Fitzgerald
selección cuarenta y seis para agruparlos en cuatro colecciones impresas en
formato de libro: las dos ya mencionadas, y las tituladas Todos los
hombres tristes (1926) y Taps at reveille (Toque
de diana, 1935).
A los pocos meses de haberse asentado
en Francia, Francis Scott Fitzgerald dio por concluida su tercera novela
extensa, publicada en su país natal bajo el título de The great Gatsby (El
gran Gatsby, 1925). Sin lugar a dudas, se trata de una de las mejores
novelas de todos los tiempos escrita en lengua inglesa, y una de las que más
han influido en la narrativa contemporánea universal. Desde una asombrosa
madurez literaria alcanzada cuando aún no había cumplido los treinta años de
edad, el escritor de Minnesota concibió una narración "indirecta" en
la que, cediendo a un ficticio testigo de los hechos la responsabilidad de
evocarlos y relatarlos (a la manera de Henry James o Joseph
Conrad), logró reconstruir de manera tan mágica como dramática la penosa
evolución del sueño americano. En esta obra, Fitzgerald exhibió un deslumbrante
talento a la hora de analizar y satirizar las emociones y motivaciones de las
clases acomodadas estadounidenses, obsesionadas por una constante persecución
del éxito que, en su violento choque con su tendencia implícita a la
autodestrucción, acabó colapsando definitivamente el viejo mito del sueño
americano.
La novela relata algunos de los
episodios más destacados de la vida del opulento Jay Gatsby, vistos a través de
los ojos del joven agente de cambio Nick Carraway, que vive en las afueras de
Nueva York junto a la suntuosa mansión del protagonista. Todo el mundo hace
comentarios acerca de la inmensa riqueza y la conducta extravagante de Gatsby,
pero pocos saben que, en realidad, toda su grandeza externa y aparente procede de
sus conexiones con el mundo del hampa. Por medio de su relación de vecindad con
el agente de cambio, el gran Gatsby vuelve a tener noticias de Daisy, una prima
de Nick Carraway de la que estuvo enamorado, tiempo atrás, el ahora enriquecido gánster.
Cuando se vuelven a encontrar, Daisy, que está casada con el también rico, pero
extremadamente zafio Tom Buchanan, cae de nuevo rendida ante la actitud
conquistadora de Gatsby, quien la seduce con sus originales y apasionadas
muestras de amor. Entretanto, el esposo de la adúltera establece, a su vez, una
relación extra matrimonial con Myrtle Wilson, a la que Daisy mata
accidentalmente cuando va al volante de un coche que pertenece a Gatsby. En su
intento de proteger a la mujer que ama, Gatsby cae víctima de las maquinaciones
de Tom Buchanan, quien, ya reconciliado con su legítima esposa, asegura a
Wilson -el marido de la atropellada Myrtle- que era el extravagante millonario
quien conducía el coche que acabó con la vida de su esposa. La degradada vida
del matrimonio Tom-Daisy continúa siendo igual de lujosa y aburrida una vez que
Wilson se suicida, después de haber asesinado al gran Gatsby.
Casi diez años después de la aparición
de The great Gatsby, Francis Scott Fitzgerald dio a los tórculos
otras de sus novelas que, por méritos propios, se convirtieron pronto en
grandes clásicos universales de las Letras norteamericanas. Se trata de Tender
is the nigth (Suave es la noche, 1934), una brillante narración
abierta en la que los temas predilectos del escritor de Minnesota (el lujo, el
dinero, el éxito, la fama, la felicidad, la fascinación, el despilfarro, etc.)
volvieron a encontrar una nueva formulación literaria, enmarcada también en un
mundo de fastuosa opulencia, pero dominada ahora por el ambiente espectral que
generan los sueños, la locura y el alcoholismo de los protagonistas. Plagada,
pues, de constantes reminiscencias autobiográficas de la unión conyugal del
autor con Zelda Sayre, Suave es la noche cuenta la historia
del matrimonio formado por el joven psiquiatra Dick Diver y la bella Nicole
Warren, quien padece graves crisis esquizofrénicas desde que mantuviera una
relación incestuosa con su padre. La fortuna de los Warren permite al
matrimonio instalarse en Francia, donde Dick -que ya no necesita ejercer su
profesión- prepara un libro mientras disfruta el "sueño dorado" que
les facilita, a él y a Nicole, vivir en la opulencia entre la Riviera y París,
rodeados de un selecto círculo de amistades.
Forman parte de este grupo el
compositor alcoholizado Abe North, que propaga su amor a la bebida entre todos
los amigos; el soldado de fortuna Tommy Barban, que pronto se enamora de la
hermosa y frágil Nicole; y la no menos bella actriz de cine Rosemari, una
bonita joven norteamericana que, siguiendo el camino marcado por Nick Carraway
en El gran Gatsby, ha servido a Fitzgerald para presentar al
lector, a través de su mirada inocente, la vida del matrimonio Diver-Warren al
comienzo de la novela. Los "días de vino y rosas" que vive este grupo
de jóvenes alegres y ociosos comienzan a amargarse cuando Dick, enamorado de la
joven actriz, cae en la dependencia alcohólica y pierde, por ello, el
equilibrio, la seguridad y la entrega que sabía poner a disposición de todos
sus compañeros, y muy especialmente de su delicada e insegura esposa. Al perder
el apoyo que había encontrado en Dick, la salud mental de Nicole se
resquebraja, lo que a su vez provoca la ruptura definitiva de su matrimonio.
Nicole cae en las redes amorosas del oportunista Tommy Barban, y Dick Diver,
atrapado por las suaves pero poderosas fuerzas de la noche, se deja arrastrar
en su acelerada degradación y abandona, sin dejar rastro alguno, el grupo de
amigos, para regresar a los Estados Unidos.
Como ya se ha indicado en parágrafos anteriores,
la discreta acogida deparada a una obra maestra como Suave es la noche -prácticamente
una confesión novelada de las penosas vivencias del autor al lado de Zelda
Sayre- sumió a Francis Scott Fitzgerald en una grave crisis de la que sólo
logró recuperarse -y bien es cierto que nunca del todo- merced a su propósito
de recobrar el éxito de sus años juveniles con la redacción de guiones para la
industria de Hollywood. Compaginó esta dedicación al mundo del cine con la
escritura de algunos ensayos que, publicados póstumamente por su amigo y
"guía intelectual" Edmund Wilson bajo el título de El
crack-up (1945), incluían, entre otros textos diversos, tres
dramáticos testimonios de dicha crisis escritos en 1936 para la revista Esquire.
Pero, además de estos ensayos,
Fitzgerald comenzó a redactar, aprovechando su experiencia en la industria del
cine de Hollywood, una nueva novela que, aunque inconclusa por la repentina
muerte del autor, ha pasado a la historia de las Letras estadounidenses como el
auténtico testamento literario del escritor de Minnesota. Bajo el título de The
last tycoon (El último magnate, 1941), esta obra póstuma
reconstruye y analiza la derrota postrera de un hombre genial que, desde el
inevitable recuerdo de la figura del propio Fitzgerald, cobra ante los ojos del
lector la dimensión simbólica de un dramático trasunto literario del escritor
envejecido, alcohólico y olvidado. Por estas y otras circunstancias que, ya
expuestas anteriormente, identifican la peripecia vital de Francis Scott Fitzgerald
con numerosos personajes y situaciones de su magnífico corpus narrativo,
el propio autor de Saint Paul se convirtió durante muchos años en una especie
de protagonista de su sórdida leyenda; sin embargo, pronto fue rehabilitado por
una crítica literaria norteamericana que, aunque algo lenta de reflejos a la
hora de valorar a su debido tiempo la importancia de dos novelas como El
gran Gatsby y Suave es la noche, supo a la postre
reconocer en la prosa concisa y elegante de Fitzgerald algunas de las mejores
páginas de la literatura estadounidense de todos los tiempos. Triunfó, así,
tras su muerte la imagen de un prosista sobrio y refinado que, obsesionado
siempre por la economía compositiva, supo convertir en símbolos universales
cada uno de los objetos, imágenes y personajes que poblaban sus obras; un
escritor, en fin, dotado de una deslumbrante capacidad para transformar en
material poético la triste degeneración del ideal romántico del sueño
americano, reflejada con una riqueza de matices propia tan sólo de quien había
sido durante algunos años víctima ilusoria de esa falsa grandeza.
Fuente: texto extraído de http://www.mcnbiografias.com
Vida de F. Scott Fitzgerald
Nacido en el seno de una familia
acomodada de muy variada procedencia (su padre era un caballero del Sur cuya
hacienda había venido a menos, y su madre -de religión católica- era la hija de
un rico comerciante de origen irlandés), el joven Francis Scott Fitzgerald hubo
de recurrir a la saneada economía de su abuelo materno para emprender una
prometedora formación académica que, a la postre, acabaría dejando inconclusa.
Realizó, en efecto, sus primeros estudios en la Newman School de Nueva Jersey,
para pasar posteriormente a matricularse, merced a la fortuna de su abuelo, en
la Universidad de Princeton, donde pronto entabló amistad con algunos
escritores y críticos literarios que, como Edmund
Wilson, orientaron sus inquietudes artísticas hacia el ámbito de la
creación literaria, en detrimento de unos estudios universitarios que cada vez
interesaban menos al futuro escritor.
Así las cosas, en 1917 abandonó
definitivamente su carrera superior para alistarse en el ejército y cumplir un
servicio militar que le dejó ratos libres, en los mismos campamentos de
instrucción, para ir pergeñando el borrador de su primera novela, concebida por
aquellos años bajo el título de El egoísta romántico, y publicada
finalmente en 1920 como A este lado del paraíso. Previamente,
Fitzgerald había conocido en Montgomery (Alabama), donde cumplía el servicio
militar, a la bella Zelda Sayre, de la que cayó rendidamente enamorado y a la
que convirtió en el principal referente de las "muchachas doradas"
que habrían de poblar gran parte de sus posteriores entregas narrativas. Zelda,
que contaba dieciocho años de edad cuando entabló relaciones con Francis Scott
Fitzgerald, era, en efecto, el paradigma de un nuevo arquetipo de mujer joven
americana, la flapper, cuya audacia, independencia y libertad
sexual comenzaba a sustituir -tanto en la vida real como sus reflejos
literarios de aquellos años- a la típica figura de la mujer tradicional
sometida siempre a la voluntad del hombre. Eran los prolegómenos de "los
felices años veinte" y "la era del jazz", los tiempos en los que
el optimismo generado por el final de la Primera Guerra Mundial trajo consigo
el estallido de un espíritu hedonista, la relajación de la férrea moral
decimonónica y la liberación de las costumbres sexuales, con especial mejora en
las relaciones sociales y el desarrollo intelectual y espiritual de las
mujeres.
A raíz del éxito cosechado por la
publicación de su primera novela, la fama y el dinero permitieron a Fitzgerald
contraer matrimonio con Zelda Sayre, en cuya compañía se adentró en los
dominios de la alta sociedad americana, amante del lujo, el refinamiento, la
diversión y los constantes viajes por América y Europa. Dio inició así la
prolongada fiesta ilusoria que, como una celebración permanente de la felicidad
y la riqueza de los recién casados, se prolongó durante un año entero hasta el
nacimiento de su hija "Scottie", en 1921. En París, Francis Scott y
Zelda tuvieron ocasión de entablar amistad con los grandes expatriados de las
Letras estadounidenses del momento, como Ernest
Hemingway, John
Dos Passos y Gertrude
Stein, con quienes vivieron incansables episodios de derroche y diversión
que la joven pareja prolongaba en sus constantes regresos a la Nueva York de
las fiestas en los grandes salones privados de la alta sociedad, pero también
de los libertinos clubes nocturnos dominados por el jazz, la droga y alcohol.
En 1922, los éxitos de ventas
alcanzados nuevamente por otra novela de Fitzgerald (Hermosos y malditos)
permitieron al joven matrimonio costear el lujoso y extravagante tren de vida
que arrastraban por aquellos años, aunque ya por aquel entonces se dejaran
notar en sus vidas los siniestros presagios que pronto habrían de conducirles a
un triste final: dificultades económicas, desórdenes afectivos en el
comportamiento del escritor (peligrosamente inclinado a la dependencia
alcohólica) y, sobre todo, primeros síntomas del deterioro mental de Zelda
Sayre (que acabaría muriendo, víctima de un incendio, en 1948, en el sanatorio
en el que permanecía recluida desde hacía varios años).
A partir de 1924, el matrimonio
Fitzgerald abandonó su casa neoyorquina de Long Island para fijar su residencia
en la Riviera francesa, en donde habría de permanecer hasta 1931. Al poco de
instalarse en Europa, el escritor de Minnesota culminó su gran novela El
gran Gatsby (1925), que, a pesar de ser considerada por la crítica
como su obra maestra, no alcanzó en modo alguno los éxitos de ventas logrados
por sus entregas anteriores. A estas dificultades económicas de los Fitzgerald,
agravadas cada vez más por el alcoholismo del todavía joven escritor, se sumó
la agudización de las crisis de enajenación mental que sufría Zelda, quien
comenzó a frecuentar los manicomios a partir de 1930. Para sobrevivir, ya de
nuevo en los Estados Unidos de América, Francis Scott Fitzgerald colaboró
asiduamente en diferentes revistas de todo el país, actividad que a duras penas
logró compaginar -por culpa de los efectos destructivos que la bebida ya iba
causando en su salud- con la redacción de otra espléndida novela, publicada en
1934 bajo el título de Suave es la noche. Por desgracia, los
deslumbrantes valores literarios que también atesoraba esta narración del
abatido escritor tampoco fueron apreciados por los lectores norteamericanos de
su tiempo, lo que, unido a la gravísima situación mental de la otrora bella e
inteligente Zelda, sumó a Fitzgerald en una violenta crisis depresiva de la que
dejó constancia en varios ensayos (publicados, cinco años después de su muerte,
en el volumen titulado El crack-up).
Olvidado por críticos y lectores,
minado por los efectos del alcohol y prematuramente envejecido, Francis Scott
Fitzgerald intentó sobreponerse a su deplorable estado y recuperar en Hollywood
la fertilidad creativa de su juventud, donde, a partir de 1937, se empleó en la
redacción de diferentes guiones cinematográficos. Así logró subsistir durante
tres largos y difíciles años, hasta que la muerte le sorprendió trabajando en
la escritura de su última novela, publicada un año después de su desaparición
bajo el título de El último magnate (1941). El brillante
esplendor de este inconcluso legado literario del autor de Minnesota provocó,
entre la crítica norteamericana contemporánea, la inmediata -pero ya
desgraciadamente tardía- rehabilitación de Fitzgerald como uno de los más
grandes escritores de la primera mitad del siglo XX. El triunfo que con tantos
esfuerzos había intentado recuperar durante los últimos y atormentados años de
su existencia se renovó, a partir de entonces, por medio de las sucesivas
reediciones de sus grandes novelas y, sobre todo, merced a los éxitos de
taquilla alcanzados por la versión cinematográfica de The great Gatsby (1949),
protagonizada por los actores Alan Laddy Shelley
Winters. En 1974 se estrenó una nueva adaptación al cine de esta espléndida
novela, rodada por el cineasta inglés Jack
Clayton (quien preparó el guión en colaboración con el célebre director
de Detroit Francis
Ford Coppola), y protagonizada por dos actores de la talla de Robert
Redford y Mia Farrow.
Por sus trabajos en esta película, Karen Black fue galardonada con el
"Globo de Oro" a la mejor actriz secundaria, y Nelson Riddle con el
"Oscar" de Hollywood a la mejor banda sonora adaptada. Dos años
después, El último magnate también fue objeto de una versión
cinematográfica realizada por el director estadounidense de origen turco Elia Kazan,
en la que intervinieron algunos nombres tan relevantes del cine americano como Tony Curtis, Robert
Mitchum, John
Carradine y Anjelica
Huston. Además de esta presencia de Fitzgerald en la gran pantalla, su
azarosa peripecia amorosa compartida con Zelda Sayre dio lugar a la magnífica
pieza teatral titulada In a bar of a Tokyo hotel (En un bar
de un hotel de Tokio, 1969), debida a la pluma del dramaturgo de
Mississippi Tennessee
Williams.
Fuente: texto extraido de http://www.mcnbiografias.com
viernes, 24 de febrero de 2017
Biografía del autor
Francis Scott Fitzgerald
Estudió en colegios católicos antes de trasladarse a la Universidad de Princeton, centro que abandonó en el año 1917 para participar como soldado en la Primera Guerra Mundial.
Después del triunfo de su primera novela, “A Este Lado Del Paraíso” (1920), Scott Fitzgerald dedicó todo su tiempo a la literatura.
Su estilo directo y cuidado solía plasmar con carácter satírico las interacciones de los individuos pertenecientes a la sociedad acomodada estadounidense en la feliz década de los años 20, denominada por el propio autor “la era del jazz”.
Novelas como “Hermosos y Malditos” (1922), “El Gran Gatsby” (1925), “Suave Es La Noche” (1934) o “El Último Magnate” (1941), y colecciones de narraciones breves como “Jovencitas y Filósofos” (1920), “Cuentos De La Edad Del Jazz” (1922), “Todos Los Hombres Tristes” (1926) o “Toque de Diana” (1935) son algunos de sus títulos más conocidos. Gran parte de ellos habían aparecido en su colaboración con diversas publicaciones, entre ellas “The Saturday Evening Post”.
El 3 de abril de 1920 contrajo matrimonio con Zelda Sayre, quien terminó sus días, ante el dolor de su esposo, en un sanatorio psiquiátrico. Una de sus amantes fue la columnista de sociedad Sheilah Graham, quien escribió un libro sobre su relación con el escritor en “Lecciones De Un Pigmalión”.
Scott Fitzgerald fue miembro de la Generación Perdida, grupo literario que también incluía entre sus filas a escritores como Ernest Hemingway o John Dos Passos.
También trabajó en la industria cinematográfica de Hollywood, escribiendo guiones. En la localidad californiana y atrapado en el alcohol, Fitzgerald falleció el 21 de diciembre de 1940. Tenía 44 años.
Fuente:http://www.alohacriticon.com
Fuente:http://www.alohacriticon.com
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